| Nacido en Monterrey, Galindo emigró desde muy
pequeño a la Ciudad de México. Allí entró en contacto con el cine gracias al productor
Germán Camus, quien le permitió asistir a los rodajes en su Estudio México Films. Su
pasión por el cine lo llevó a abandonar la carrera de odontología para ir a Hollywood,
donde se ganó la vida haciendo trabajos pequeños en varias compañías
cinematográficas. Para 1930, el joven Alejandro había aprendido y estudiado los gajes
del oficio y estaba preparado para regresar a su país. Sus estudios de guionismo en el
Hollywood Institute of Scriptwriting and Photoplay y su experiencia al lado del director
Gregory La Cava lo llevaron a incursionar en el guionismo y la dirección de actores para
la radio. Su debut en el cine lo hizo como guionista de La isla maldita (1934) de Boris
Maicon, a la cual siguieron El baúl macabro (1936) de Miguel Zacarías y Ave sin rumbo
(1937), versión cinematográfica de la exitosa radionovela "Anita de Montemar",
dirigida por Roberto O'Quigley. Tras dirigir el corto documental Tierra de emperadores (1937) Galindo
debutó como director con Almas rebeldes (1937) producida por Raúl de Anda. De 1938 a
1945 incursionó en varios géneros y realizó su primer filme con tema urbano, Mientras
México duerme (1939). En él ya se perfilaban los elementos
característicos del cine de Galindo: diálogos verosímiles, ambientes reales y tramas
que no esconden su inspiración en la vida cotidiana.
A partir de Campeón sin corona
(1945) Alejandro Galindo inició la etapa más importante de su carrera, en la que el
actor David Silva fue una pieza fundamental. De los boxeadores a los taxistas, de los
choferes de autobuses a los vendedores de aspiradoras, la nueva clase media mexicana se
encontró en la pantalla a personajes conocidos de su entorno. Una familia de tantas
(1948) representó la cúspide de esta etapa en la que Galindo combinó el genio creativo
con un acertado olfato comercial.
Espaldas mojadas (1953) mostró a un Alejandro Galindo capaz
de manejar el espinoso tema de la emigración mexicana hacia los Estados Unidos sin caer
en los convencionalismos del melodrama rural. Sin embargo, esta afortunada incursión por
territorios poco conocidos no tuvo logros posteriores. A partir de 1954, la carrera de
Galindo cobró un giro inesperado con una serie de títulos caracterizados por un
moralismo elemental y una visión anticuada de los problemas de la adolescencia. Con
películas como ...Y mañana serán mujeres (1954), Tu hijo debe nacer (1956), La edad de
la tentación (1958), Ellas también son rebeldes (1959) y Mañana serán hombres (1960)
Galindo se convirtió en miembro activo de la cruzada en contra de los "rebeldes sin
causa".
Durante los setenta, la carrera de Galindo pareció
revitalizarse con dos filmes producidos por el aparato estatal, pero sus mejores años ya
habían pasado. Aún así, continuó en activo hasta la década siguiente, cuando realizó
uno de sus proyectos más anhelados, la biografía del presidente Lázaro Cárdenas. Este
filme, financiado por la actriz Medea de Novara, viuda del realizador Miguel Contreras
Torres, se constituiría en su último trabajo y en su más grande frustración, pues
nunca ha podido ser estrenado por razones políticas.
Dispareja y en ocasiones polémica, la carrera de Galindo
brilla ante todo por sus logros durante la Época de Oro y por su empeño en seguir
trabajando hasta una edad avanzada. Su longevidad lo convirtió en un símbolo viviente de
una era esplendorosa y lejana en la que su buen oficio y sensibilidad ofrecieron sus
mejores frutos. Durante los últimos años de su vida, los reconocimientos y homenajes no
lograron ocultar su decepción por lo ocurrido con su último trabajo. Quizás ahora que
ya no está entre nosotros, los absurdos mecanismos que aún prevalecen en nuestra
política cinematográfica permitan un espacio de apertura para apreciar la obra final de
este gran director. |