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DATOS PERSONALES
Robert Bresson
Realizador francés (Bromont-Lamothe, 1901). Pintor
en sus comienzos, llegó al cine con la realización en 1934 de un mediometraje, Les
affaires publiques , "tres días de un dictador imaginario", según sus propias
palabras. |
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SOBRE
SU VIDA |
| Posteriormente figuró en los créditos de Les jumeaux de
Brighton (C. Heymann, 1936), y Courrier Sud (P Billon, 1937), en calidad de coguionista y
coadaptador pero Michel Esteve, su mejor biógrafo, escribiría que su colaboracion en
estas películas fue meramente simbólica. En 1939 colaboraría durante varios días en la
adaptación de un proyecto de René Clair, Air pur que la
guerra impidió realizar. Fue en 1943, después de un año de cautiverio en Alemania
cuando realizaría su verdadera primera película Los angeles del
pecado (Les anges du péché).
Robert Bresson ocupa en el cine francés un lugar completamente aparte: es inclasificable,
y no se le puede asociar a ninguna escuela ni movimiento. Es un artista solitario,
silencioso, secreto. Ha publicado con el título de Notes sur le cinématographe , una
colección de aforismos a través de los que expone sus principios artísticos con acierto
y total sinceridad. Es un perfeccionista tanto en la expresión verbal como en los
métodos de trabajo; continuamente designa al Séptimo Arte con el término
"cinematógrafo", puesto que el cine para él es únicamente "teatro
fotografiado". Hay, según Bresson, "dos tipos de películas: aquellas que
emplean medios teatrales (actores, puesta en escena, etc) y se sirven de las cámaras para
reproducir, y aquellas que emplean los medios del cinematógrafo y se sirven de las
cámaras para crear". A él se debe también esta definición en la que encontramos
un eco de la fórmula de Abel Gance, otro artista único: "el cinematógrafo es escritura con
imágenes en movimiento y sonidos". La mayoría de los admiradores de Bresson coinciden en considerar Pickpocket (1959), como su obra
más pura y más perfecta. Pero esta película es la culminación de un proceso
característico de depuración y abstracción. Las dos primeras de este realizador, Los ángeles del pecado (1943) y Les dames du
Bois de Boulogne (1945), presentan todavía elementos estéticos y dramáticos
dominantes en la producción francesa de la época (y siempre): actores profesionales (la
mayoría de los cuales son también actores de teatro), recurso a diálogos literarios (de
Jean Giraudaux en la primera y de Jean Cocteau en la
segunda), imágenes muy elaboradas y muy dramáticas gracias a una iluminación hábil (en
ambos casos se debe a Philippe Agostini un gran especialista
de la fotografía estética). El cambio llega con El diario de un
cura de campaña (Le journal
d'un curé de campagne, 1951): se constata una ruptura completa con la literatura, ya que
la novela de Bernanos se concibe de nuevo en función del "cinematógrafo". Los
diálogos, que se deben al propio realizador, obedecen al principio de neutralidad
dramática y tonal que será a partir de entonces su regla de oro en cuanto a las
imágenes, marcadas todavía por una cierta dramatización (son obra de Léonce Henri Burel, antiguo cámara de Gance
) evolucionan hacia el ideal de Bresson en esta materia: "planas" e
"insignificantes no significantes". El giro es definitivo en Un condenado a muerte se ha escapado (un condamné a mort s'est échappé, 1956), en la que la palabra (el sonido)
y la imagen se equilibran en una misma neutralidad estética y dramática. Otra señal de
esta ruptura definitiva es el hecho de que así como la música de sus tres primeras
películas fue escrita por un compositor contemporáneo (Jean Jacques Grunenwald) y está
marcada por un cierto lirismo, la de esta última es de Mozart y se utiliza con parsimonia
con la perspectiva de contribuir a la desdramatización plástica y tonal de la obra.
Pickpocket se muestra como la culminación de un proceso de ascesis que caracteriza a la
estética bressoniana. La fotografía de Burel y la música de Lully contribuyeron a
esta depuración. Es además el primer guión original de Bresson por lo que pudo poner en
práctica todos los rasgos específicos de su estilo ("Estilo: todo lo que no es
técnica", diría Bresson): suprime todas las impurezas de la representación para
llegar a una estilización total de lo figurativo, sugiere (gracias a planos de detalle o
inserciones) más que describe el mundo exterior que enmarca la acción, deja a un lado
toda psicología descriptiva ("aquella que no descubre mas que lo que puede
explicar"), en beneficio de un acercamiento no habitual a los cuerpos,"al acecho
de los movimientos más insensibles y más íntimos".
Su rechazo a "toda psicología teatral o
novelesca" se caracteriza a partir de entonces por el recurso sistemático a actores
no profesionales, elegidos entre sus amigos o en la calle por su apariencia física o por
lo que su rostro refleja de vida interior, actores que tritura, tortura hasta obtener de
ellos, al precio a veces de decenas y decenas de tomas, aquellas voces blancas, aquel tono
monocorde característico de su estética y tan discutibles para el espectador reticente.
Elegía a aquellos que llamó sus modelos, no para hacerles interpretar un personaje, sino
para extraerles la personalidad en función de la que les había elegido: a continuación
quedaban tan vacíos y extenuados que la mayor parte de ellos era incapaz de interpretar
ningún otro papel importante en la pantalla: esto fué lo que le ocurrió a Claude Laydu
(el cura rural), a François Leterrier (el condenado a muerte) a Martín Lassalle (el carterista), a
Florence Delay (Juana de Arco), mientras que otros lograron superar este tratamiento de
choque e hicieron carrera: por ejemplo Ann Wiazemsky (Al azar de Baltasar [ Au hasard Baltazar ]), Dominique Sanda ( Une
femme douce . |
| Y ALGO MÁS |
| Tras Pickpocket, las obras maestras se
sucedieron: Le proces de Jeanne d'Arc (1962), Au hasard Baltazar (1966), Mouchette (Mouchette, 1967). Pickpocket y
Le proces de Jeanne d'Arc son sin duda las que mejor responden al principio que el realizador apunta en
sus Notes: "Construye tu película sobre el blanco, el silencio y la
inmovilidad". Este principio habría que completarlo con el siguiente: "Mira tu
película como si fuera una combinación de líneas y volúmenes en movimiento al margen
de lo que representa y significa". Esta búsqueda de lo absoluto podría parecer
pretenciosa e insensata si no se hubiese traducido en unas obras en las que florecen una
belleza singular y una humanidad vibrante, y que se ofrecen en todo su esplendor y altura
a un espectador deseoso y capaz de franquear el muro de silenclo e inmovilidad que las
protege de las vulgaridades del "cine". El disfrute espiritual que proporcionan
estas películas corresponde a la estética no al sentimiento; procede más que de lo
patético de las situaciones, de la satisfacción conseguida por un discurso
cinematográfico rigurosamente elaborado ("No corras tras la poesía, entra ella sola
por las uniones" [es decir por las elipsis]). En cuanto a la temática bressoniana fundamental la de la
redención, recorre toda su obra como un hilo conductor. Cristiano jansenista, Bresson
cree en la gracia que permite a algunos seres excepcionales redimir sus faltas en el
momento de la muerte, aceptada o deseada como una liberación: Thérese (Jany Holt en Los ángeles del pecado
), Agnes (Elina Labourdette, en Les
dames du Bois de Boulogne ), el
cura d'Ambricourt (que termina su diario escribiendo: "todo es gracia"), Jeanne
d'Arc, Mouchette (Nadine Nortier) son unos seres que se consumen a lo largo de un calvario
físico y moral que en el caso del cura rural toma la forma de itinerario cristiano con
sus llagas y estigmas. Este recorrido hacia la gracia, lo encuentra Bresson en Dostoyevski
del que adapta dos novelas en Une femme douce (1969) y Cuatro noches de un soñador (Quatre nuits d'un reveur, 1971) y del
que se puede rastrear la influencia en Pickpocket ("Qué
camino he tenido que recorrer hasta llegar hasta ti"). Sus últimas películas Lancelot du Lac (Lancelot du Lac, 1974) El
diablo probablemente (Le diable probablement, 1977) y El
dinero (L'Argent, 1983 que a pesar de ser una adaptación de una novela de Tolstoi,
recuerda a Dostoyevski en cuanto al peregrinar en busca de gracia de un criminal redimido
por el horror mismo de su acción), siguen fieles a la línea temática del realizador,
que en trece películas al margen de todas las modas (con el riesgo de virtuosismos que
irritan a sus detractores), ha sabido poner en escena personajes animados por la pasión
de la libertad espiritual y "se ha esforzado en llegar a lo real más allá de lo
real" (Michel Esteve). |
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