| Inventado en 1895 por los hermanos Louis Jean y Auguste Marie
Lumiére, el cinematógrafo se paseó por varias capitales americanas antes de llegar a La
Habana, acontecimiento que ocurrió el 24 de enero de 1897, cuando desde México el
francés Gabriel Veyre trajo a esta ciudad el maravilloso portento. En esa primera
función, ofrecida en el número 126 del Paseo del Prado, colindante con el entonces
Teatro Tacón, -hoy Gran Teatro de La Habana-, se proyectaron los cortos "Partida de
cartas", "El tren", "El regador y el muchacho" y "El
sombrero cómico", a un precio de entrada de 50 centavos para mayores y 20 centavos
para niños y militares. Poco después, el 7 de febrero, Veyre era también protagonista
del primer rodaje en esta isla, Simulacro de incendio, centrado en una maniobra de los
bomberos habaneros y de corte documental como la mayoría de las producciones durante una
larga etapa. En esa primera fase de introducción y
vida itinerante, hubo varios locales dedicados al Séptimo Arte -Panorama Soler, Salón de
variedades o Ilusiones ópticas, Paseo del Prado # 118, Panorama, Vitascopio de Edison (en
la famosa Acera del Louvre)-. El Teatro Irijoa (Martí en la actualidad) fue el primero
que en esta capital presentó cine entre sus atracciones. La primera de una larga estirpe
de salas habaneras de cine la estableció José A. Casasús, actor, productor y empresario
ambulante, bajo el nombre de "Floradora", luego "Alaska". Más tarde,
Casarés convertiría en parlante la cinta Los modernos galeotes, con la estrella Mary
Pickford.
En los seis o siete años anteriores a la Primera Guerra
Mundial, el cine conoce una expansión y estabilización como negocio en las principales
urbes de Latinoamérica. En La Habana, el símbolo de esta época es el Polyteams. Cuba,
como los demás países del continente, atravesó en aquellos años primigenios por las
etapas de la producción y la exhibición ambulantes y esporádicas, el cambio de
proveedores europeos a norteamericanos, la dependencia de las grandes compañías
hollywoodenses, la discontinuidad y la atomización en las creaciones nacionales...".
A partir de la Primera Guerra Mundial, el continente cambia progresivamente de metrópoli,
se modifican los términos de dependencia: la dominación hasta entonces ejercida por
Londres y París (la bolsa y la moda) cede ante Wall Street Hollywood. Si la producción
silente empieza en América Latina como un remedo de la Belle Epoque, al llegar el sonoro
el mercado está completamente dominado por los films estadounidenses".
El primer género ambicioso y característico en el
continente fue probablemente el film de reconstrucción histórica, afirma Paulo Antonio
Paranaguá. En Cuba, de esta vertiente, se recuerdan El Capitán Mambí y Libertadores o
guerrilleros (1914), de Enrique Díaz Quesada y con el apoyo del general Mario García
Menocal. El propio Díaz Quesada hace una adaptación del dramaturgo y novelista
español Joaquín Dicenta en 1910, en una de las tendencias en uso por entonces, la
apropiación de obras literarias para el film d'art, junto a las imitaciones de Chaplin o
los franceses en las comedias o de los cowboys en el género de aventuras. La etapa
silente en la producción nacional se extendería hasta 1937, cuando se realizó el primer
largometraje de ficción sonoro.
Pudieran mencionarse en la filmografía insular anterior a
1959 -en total unos ochenta largometrajes-, cintas como "La virgen de la
Caridad" y "Romance del Palmar", de Ramón Peón. A La Habana venían
famosos del cine continental a filmar y, a su vez, sobresalientes actores cubanos tuvieron
presencia principalmente en México y Argentina, mientras músicos como Ernesto Lecuona,
Bola de Nieve o Rita Montaner también hacían cine en varios países. |